sábado, 30 de junio de 2012

Violencia


Violencia
Afirmar que la violencia "ha entrado en la escuela" parece una aseveración actual y acorde con los tiempos que corren.
Ayer resonaban en los medios las palabras de George W. Bush: "Las escuelas deberían ser lugares de seguridad y santuarios del aprendizaje", y las condolencias mediáticas del presidente norteamericano (condolencias a la vez por las víctimas del ataque en Virginia y por el sistema escolar, que parece ya no poder contener todas las violencias, propias y ajenas, que alberga) sintonizan con ese diagnóstico.
Sin embargo, podemos relativizar esa afirmación para sugerir una hipótesis diferente que, según creo, es más consistente para explicar no ya las tragedias sino el hecho atroz de que cada vez nos sorprendamos menos de que ocurran.
Hablar de la violencia en la escuela, hasta hace poco tiempo, tenía una única connotación: engolosinados de teoría crítica, quienes investigamos el mundo escolar nos acostumbramos a plantear el problema de la violencia pensando en la que la escuela ejercía sobre los alumnos.
Hablábamos de violencia "simbólica", de la violencia plasmada en los rituales de las formaciones, en el acallamiento de la libre expresión infantil, etc. Lo que nos preocupaba, en definitiva, no era qué violencias amenazaban a la escuela, sino, al contrario, a qué precio la escuela sustentaba sus promesas de igualar y democratizar.
Los casos recientes de estudiantes armados que arremeten contra compañeros y docentes (en el secundario de Columbine y también en Carmen de Patagones) no señalan sólo una permeabilidad de la escuela a unas violencias completamente ajenas, que la han hecho víctima (también a ella), sino una reedición más de un problema antiguo, y que no tiene que ver sólo con el golpe y el disparo, sino más bien con la ley.
En uno de mis últimos libros afirmábamos, junto con Daniel Brailovsky, que esas violencias cotidianas de la escuela no sólo dejaban de ser "violentas", sino que además se volvían verdaderos actos de liberación, si es que tenían lugar al amparo de una utopía, de una promesa de una vida mejor y de un mundo mejor. Pero cuando a la escuela se la despoja de esta promesa, se convierte en un mero espacio de interacciones para el que cuesta imaginar sentidos alternativos.
Así como la propia idea de ley no tiene sentido sin una referencia más o menos explícita a una forma de violencia legítima, en toda forma de violencia se esconde algún tipo de dilema en el orden de la ley.
La cuestión es, entonces, si la escuela es víctima de unas violencias que le son ajenas y que la acometen de súbito, o si en realidad la violencia se hace presente en la escuela de una forma tan cruda e impactante porque no ha logrado legitimarse.
Ese es el desafío: volver a legitimar la escuela y entenderla como un ámbito en el que los niños y los jóvenes no sólo tengan que respetar la ley, sino que tengan derecho a formarse en ella.
El autor es director de Educación de la Universidad Torcuato Di Tella
Es una cuestión dotada de cierta hipocresía social. A la pregunta ¿Porqué los jóvenes son violentos? Habría que contestar ¿Y porque no deberían de serlo, no lo fueron sus padres y sus abuelos? ¿No es la violencia un componente de la sociedad humana tan antiguo y necesario como la concordia, necesario en la oposición a tiranías y reivindicaciones? Una sociedad desprovista de cualquier atisbo de violencia sería una sociedad inerte. No es un fenómeno perverso, inexplicable y venido de un mundo diabólico, sino un componente de nuestra condición que debe ser compensado y mitigado racionalmente por el uso de otros impulsos no menos naturales como la cooperación, la concordia, ...
Es un error pensar que los jóvenes no cultivarían fantasías violentas si no les fueran inculcadas por televisión. Por la misma regla, se podría afirmar lo contrario, que esta sacia nuestros impulsos demoníacos. Tales planteamientos violan la primera norma de cordura: separar la fantasía de la realidad, y olvidan una lección que se remonta hasta Platón: que la diferencia entre lo malvado y lo justo es que el primero lleva a cabo las fechorías que el segundo sólo sueña y descarta.
Se dice "hay que enseñar que la violencia nunca debe ser respondida con la violencia". Esto es rotundamente falso, y nada se gana enseñando falsedades. Por el contrario, hay que explicar que la violencia siempre es respondida antes o después por la violencia como medio natural para atajarla y que es precisamente esa cadena cruel de estímulo y respuesta la que la hace temible e impulsa a tratar de evitarle en lo posible.
Bruno Bettelheim ofrece un consejo al educador en este sentido: "Si permitimos que los niños hablen francamente de sus tendencias agresivas, también llegarán a reconocer lo temible de tales tendencias. Sólo esta clase de reconocimiento puede conducir a algo mejor que, por un lado la negación y represión, y por otro, un estallido en forma de actos violentos. De esta manera la educación puede inspirar el convencimiento de que para protegerse a uno mismo, y para evitar experiencias temibles, hay que afrontar constructivamente las tendencias a la violencia, tanto las propias como las ajenas."


La clase escolar. Una mirada desde la didáctica de lo grupal”


SOUTO Marta
 “La clase escolar. Una mirada desde la didáctica de lo grupal”
En CAMILLONI, Alicia W. y otros. “Corrientes didácticas contemporáneas
PAIDÓS. Bs. As., 1996

        I.      Introducción
Desde hace muchos años persiste en mí la preocupación por la enseñanza.
Por la buena enseñanza. Aquella que deja en el docente y en los alumnos un deseo de continuar enseñando y aprendiendo, a la vez que la incorporación y el dominio de nuevos conocimientos.
Por la mala enseñanza, aquella que no produce los resultados esperados, que genera efectos no deseados, que aparenta o finge ser lo que no es, que desgasta sin producir, que frustra e inhibe nuevos aprendizajes y nuevas enseñanzas.
El trabajo que aquí presento tiene por propósito sistematizar de manera sintética los aportes que desde el pensamiento de lo grupal pueden hacerse a la didáctica en lo que he dado en llamar la didáctica de lo grupal[1]. (…) Intentaré comunicar en forma sintética lo que hemos producido y llamado didáctica de lo grupal, haciendo referencia en este artículo a la clase escolar como objeto.
Consideramos que la clase escolar es un campo de problemáticas específicas y en este sentido objeto de estudio de la didáctica. Ello es así porque:
-         Toma el acto de enseñanza el acto pedagógico en el ámbito más habitual de concreción.
-         Permite comprender los sucesos en su significatividad social, humana, real, con sentido y  contenido social.
El estudio de la clase escolar desde nuestra perspectiva:
-         Resalta el lugar de la práctica pedagógica, del hacer, de los sucesos concretos. Facilita la reflexión, la construcción de conocimientos y de teorías a partir y a propósito de ella y utiliza al mismo tiempo las teorías existentes para su comprensión y reformulación.
-         Acentúa la importancia de la situación, del aquí y ahora, del lugar donde los procesos de interacción se producen. Se pone el acento en el transcurrir, en el acto, en el suceder de los hechos, en la realidad donde los actos se realizan y existen. Se plantea que un acto transcurre en un momento dado y contiene en él la totalidad de factores coexistentes y aun sus causas. Una situación tiene un devenir, una historia, sucede con una temporalidad. El encuadre situacional enfatiza lo que está sucediendo en el presente, en un momento de ese devenir, en la transversalidad temporal. Pero en el momento actual, ese corte transversal contiene y actualiza la historia.
-         Incluye y resalta el carácter histórico
-         Permite un abordaje dialéctico de los sucesos en sus contextos reales resaltando el conflicto
-         Incluye la relación de múltiples líneas o dimensiones que se entrecruzan: de orden social, institucional, grupal, interpersonal, individua, técnico
Dichas líneas se entrecruzan formando un entramado en el cual se producen acontecimientos singulares en cada clase escolar. La comprensión de dichos eventos sólo es posible desde nuestra perspectiva sin separarlos de dicha trama.
-         Facilita un abordaje comprensivo  y complejo de la enseñanza (desde una mirada holística)
-         Requiere la contribución y la conjugación de aportes de diferentes disciplinas y teorías, provenientes de campos diversos. De allí la necesidad de un enfoque multirreferencial.
La clase escolar se plantea, entonces, como un campo de problemáticas que es objeto de estudio de la didáctica. No lo planteamos como un objeto único, pero si relevante.[2]

      II.      El carácter complejo de la clase escolar y de su conocimiento. Planteos epistemológicos
Es a medida que el conocimiento se va produciendo que los interrogantes epistemológicos, así también los teóricos y metodológicos, van tomando forma y que las respuestas se elaboran y sufren modificaciones.
¿Dónde hay complejidad? La encontraremos allí donde hay:
-         Dificultad (donde el pensamiento lineal, causal, resulta insuficiente para entender incongruencia que se presentan)
-         Interacción (encastramiento de acciones , ligazón de partes en el todo)
-         Heterogeneidad (conflictos que para conservar su sentido no pueden ser reducidos)
-         Fenómenos aleatorios (incertidumbre, no responde a leyes conocidas ni a sus consecuencias)
-         Necesidad de explicaciones por leyes y relaciones no solo de causalidad lineal, sino también retroactiva y recursiva
-         Posibilidad de transformación

Introduciremos al lector en el problema de la complejidad enfrentándolo a otros campos de estudio virtualmente complejos.  Nos acercamos a esta problemática con el propósito de establecer un contacto con ellos que nos permita a posteriori repensar la perspectiva de estudio de la complejidad:
Primer campo problemático: Acerca del origen del universo
Seguiremos aquí lo que Stephen W. Hawking enuncia en su Historia del tiempo (1988)
¿Qué ocurre durante las etapas tempranas o tardías del universo? ¿Tiene el universo un principio  un fin? ¿Es finito? ¿Hubo un principio en el tiempo? ¿Habrá un final? ¿Cuál es la naturaleza del tiempo? ¿Llegará éste a un final? (Estos interrogantes se formulan actualmente los físicos que se ocupan del estudio del universo) Distintas teorías y campos del saber y la cultura dieron respuesta a la pregunta acerca del origen del universo[3].
Segundo campo problemático: Acerca del origen de la vida y su evolución.
Sugerimos aquí lo que Helena Curtis escribió en Biología (Curtis, 1987)
¿Cuándo comenzó la vida? ¿Cómo es la evolución de la vida? ¿Qué entendemos por vida?[4]
Tercer campo problemático: Acerca del aprendizaje por comprensión
¿Qué procesos tienen lugar en el sujeto al aprender? ¿Los aprendizajes de nivel superior implican estructuras distintas de los de nivel inferior? ¿Qué tipos de relaciones hacen posible el aprendizaje?[5]
Estos tres campos problemáticos tienden a plantear y mostrar el mundo de lo complejo.
El caos, el desorden, lo disperso, la auto-eco-organización, la incertidumbre, la necesidad de formas lógicas más allá de la linealidad causa-efecto, la subversión de un orden en otro, la conservación de las características de un orden en otro, la amplitud y la diversidad de los fenómenos por abarcar aparecen como características tanto de la realidad como de su conocimiento.
Parecería que en el momento actual en el campo del conocimiento se plantean nuevas formas de enfocar y de concebir los fenómenos y de abordar su estudio.
La noción de campo sostiene que “la realidad no está compuesta por objetos separados, ubicados en el espacio sino por un campo subyacente, cuyas interacciones producen tanto los objetos como el espacio” (Hayles, 1993: 13), y lleva a postular que el observador está siempre dentro del campo, en las interacciones que quiere conocer y describir.
Tal como expresa F.J. Varela “se pone el tela de juicio el supuesto más arraigado de nuestra tradición científica: que el mundo es independiente de qui8en lo conoce” (1990:96)
Se trata de:
-         replantear la relación sujeto-objeto de conocimiento en el sentido de superar su separación y oposición y postular la mutua relación e influencia al conocer
-         Cuestionar el concepto de objeto en tanto discreto, separable, aislable de quien lo conoce y del campo en el cual surge
-         Advertir limitaciones en el pensamiento determinista, lineal y sus ideales inteligible para buscar nuevas formas que incorpores las incongruencias, la singularidad, las irregularidades, el desorden, que son a su vez productores de nuevos órdenes.
En este camino se encuentran actualmente las teorías del caos y de los sistemas complejos. Morin (1990) plantea algunas ilusiones que es necesario disipar para comprender el pensamiento complejo.
1)     La complejidad no lleva a eliminar la simplicidad, sino que la integra, y surge allí donde falla.
2)     La complejidad no es completitud, aspira a un conocimiento multidimensional que articule distintos dominios disciplinarios, que no separa ni deduzca, pero sabe que el conocimiento complejo es imposible. Reconoce los principios  de incompletitud y de incertidumbre.
El conocimiento didáctico es un conocimiento complejo de una realidad compleja. Nos referimos (como ya hemos mencionado anteriormente)
Las clases se caracterizan, desde nuestra perspectiva, por su complejidad, en el sentido de un campo donde un conjunto de procesos, elementos y sujetos diversos se interrelacionan constituyendo un sistema nuevo con auto-eco-organización, en el que la totalidad es más que las partes y estás conservan sus rasgos propios sin subsumirse al todo. En la case escolar se articulan elementos y procesos de muy diversa índole que, puestos en interacción, producen sucesos singulares, acontecimientos que transcurren en el espacio y en el tiempo y en un ambiente más allá de ellas mismas.
Más allá de las previsiones hechas y de las decisiones tomadas por el docente los sucesos de clase a la hora de la interacción toman cauces no previstos. Un mismo plan de trabajo en manos de un mismo docente, al ser llevado a la acción den dos grupos-clase distintos, se transforma.
La complejidad de la clase se hace más evidente cuando pensamos en los diversos niveles y ámbitos desde donde abordarla: individual; interpersonal; lo interaccional y vincular en las relaciones con el conocimiento, con la tarea, con los recursos; institucional; social; técnico-instrumental.
Muchas producciones didácticas han reducido esa complejidad amparadas sea en una concepción idealista, tecnológica, pragmática. Se construyeron “modelos para” que, a diferencia de otras disciplinas, no se derivaron de modelos descriptivos o explicativos. Estas formas de conocimiento didáctico, a nuestro criterio, son reduccionistas en tanto separan de las situaciones a la enseñanza, consideran sólo variables técnicas.
Recién a partir de los ´70 aparecen diversas corrientes nuevas que confluyen en un pensamiento didáctico crítico. Las teorías interpretativas y las críticas aportan el valor de lo subjetivo, de los significados, del mundo simbólico, de los sentidos sociales para iluminar la comprensión de las prácticas escolares cotidianas, en tanto prácticas sociales.  Se rescatan los actores, docentes y alumnos, los espacios y los contextos, la historicidad, etc. La teoría educativa se construye sobre los problemas prácticos y busca solucionarlos a partir de su comprensión. Aparece una forma de pensamiento abierta, cuestionadota, preocupada por la transformación y el cambio. Es también desde estas posturas que teóricas que el abordaje de la educación y de la enseñanza se aproxima a la complejidad.

    III.      Algunas conceptualizaciones centrales
La enseñanza es mucho más que un proceso de índole técnica. No puede ser aislada de la realidad en la que surge. Es también un acto social, histórico y cultural que se orienta a calores y en el que se involucran sujetos.
Se entiendo por didáctica la teoría o el conjunto de teorías acerca de la enseñanza, consideramos necesario construirla con referencia a las situaciones en las que ella surge y sucede.
Una situación de enseñanza debe ser abordada desde diversos niveles de análisis, dichos niveles, hacen referencia  a teorías que provienen de distintas disciplinas y abordan el objeto de estudio desde aspectos y niveles de complejidad diversos.
La didáctica específicamente se ocupa del análisis multirreferencial de situaciones de enseñanza concretas y de formas de operar en ellas. Es el campo de conjugación de diversas perspectivas a propósito de prácticas concretas lo que da origen a las conducciones teóricas. La didáctica que postulamos estudia el acto pedagógico como objeto formal, y las situaciones de enseñanza-aprendizaje como  objeto concreto. La clase escolar constituye la forma más habitual de concreción. Para comprenderla y analizarla se requiere un enfoque que permita el cruce y la convergencia de distintas disciplinas y teorías. Se plantea así la necesidad de recurrir a un enfoque multirreferencial. Entendemos por éste una perspectiva que conjuga enfoques diversos, los articula en relaciones recíprocas sin reducirlos unos a otros, preservando su autonomía y permitiendo la heterogeneidad.
La clase escolar es el escenario donde ser producen las prácticas pedagógicas. Remite a un ámbito delimitado por el aula en lo espacial y por el año lectivo en lo temporal. En ella se dramatizan configuraciones propias de la dinámica institucional. La clase es al mismo tiempo, lugar de encuentro y de contraposición entre deseos individuales y formaciones grupales e institucionales. La clase es el lugar que sostiene lo pedagógico. Es en ella donde se organizan las relaciones con el saber, que se cumple la función de saber. Es por esta función que sus actores se nominan como docente-alumno y que se definen los lugares simétricos en la relación. La presencia del saber otorga al espacio su valor, su especificidad.
Un análisis de la clase escolar desde la complejidad permite plantear diversas líneas de significación:
La clase como ambiente en el que transcurre la vida cotidiana de sus actores y donde se produce sentido a las interacciones en torno al saber.
La vida social de la clase, las relaciones de poder y saber en ella, las paradojas en la comunicación.
La vida inconciente de la clase como espacio íntersubjetivo, como campo transferencial y vincular y como red de identificaciones.
Las clases como espacios tácticos de enseñanza en función de metas y como dispositivos técnicos.
En el estudio de la clase es de interés destacar que es necesario:
-         Comprender la clase en conexión e interacción con lo que la rodea. Lo social y lo institucional son constituyentes, atraviesan transversalmente la clase construyendo su trama.
-         Considerarla una construcción dialéctica permanente, un proceso de totalización en curso, nunca acabado.
-         Incluir la diversidad de componentes, relaciones dimensiones que atraviesan la clase y periten pensarla como campo problemático.
-         Priorizar un ámbito y un nivel par el estudio de la clase escolar: el grupal. Desde él pueden abarcarse: el conjunto de sucesos en su devenir, en su historicidad, con la amplitud necesaria para impedir recortes artificiosos y captar el medio ambiente escolar de forma natural las interacciones y encastramientos de elementos diversos, las articulaciones y entrecruzamientos con los contextos que en la vida grupal se constituyen en texto y forman parte de su trama  compleja.
Es desde el campo de lo grupal como pueden abordarse un estudio complejo de la clase como campo problemático. Se articula lo individual, lo institucional, lo social lo ideológico, etc. Dichas articulaciones dan carácter singular a cada clase escolar y a los sucesos o eventos que en ella se producen. Hacer un análisis didáctico desde lo grupal implica indagar en estas diversas direcciones.

   IV.      La investigación de las clases escolares
1. Referencias al  proceso de investigación
Para estudiar las clases escolares en la enseñanza media hemos diseñado un tipo de investigación que intenta conocer la realidad de las aulas en su ambiente natural. Se trata de una línea de investigación cualitativa, de tipo clínico[6]. Consideramos la clase como la unidad que conforman un grupo de alumnos y un profesor. De esta manera en la enseñanza media tenemos en un mismo curso once o doce clases escolares.  La observación natural de los sucesos de aula, sin determinar variables de observación previas, permite una aproximación al “mundo escolar” que lleva a descubrir los “sentidos” que esos sucesos tienen para sus actores y a interpretar posteriormente desde las múltiples referencias teóricas que utilizamos.
Nuestro objeto de estudio inicial, el grupo escolar, concebido en un comienzo como un objeto discreto se fue transformando en un campo problemático a investigar. Campo que hemos denominado “lo grupal” y que permite una perspectiva de análisis desde la complejidad que el concepto inicial de grupo consideramos que limitaba.
Nos ubicamos en una concepción en que l interpretación es comprensión. Por un lado compresión de las significaciones y los sentidos de la acción social para los actores. Se trata de las significaciones y los sentidos de la acción SOCAL para los acores. Se trata de hacer una representación de lo que los protagonistas de la clase hacen, dicen y sienten para descubrir significados, sentidos. El investigador descubre el sentido que los sujetos dan a  su conducta. Pero va más allá y le otorga un nuevo sentido en función de las teorías que pone en juego al interpretar.
La elaboración teórica se realiza también a lo largo de la investigación. La investigación tiende a producir teoría, no a verificarla. Las categorías de análisis surgen de los datos y se transforman con ellos.  Se trata de comprender y de reconstruir los ambientes, los mundos y las lógicas que atraviesan una clase y no reducirlos a una única visión.[7]

2. Análisis de algunos rasgos de las clases escolares.
El hecho de presentar rasgos no es contradictorio con el abordaje de la complejidad ni de lo singular. Aquellos han aparecido cargados de significados que nos resultan reveladores de esa complejidad y es desde ella como les hemos atribuido significados. Significados que, por otro lado, se bifurcan en cada medio ambiente escolar singular de acuerdo con la idiosincrasia de cada clase y escuela.
Nos referimos a rasgos encontrados en torno a dos dimensiones: el tiempo y el espacio:
El tiempo en las clases
Dentro de la escuela y de las clases existe un tiempo propio. Podríamos hablar provisionalmente de una atemporalidad, en tanto:
-         el tiempo real, social, el de los sucesos de la vida externa a la escuela no está presente dentro de ella.
-         El tiempo personal, vivido por cada uno de los actores no tiene cabida
-         El tiempo compartido dentro del aula parece no suceder, no se toma conciencia de la historicidad de los hechos vividos en la escuela, muy escasamente se registra su cronología. Se vive un eterno presente , el de “dar clase”, pasado y futuro quedan excluidos de esa temporalidad
No se trabaja en su reconstrucción. No interesa por ello el proceso compartido en su historicidad. Hay una negación del transcurrir, del devenir, del movimiento, del cambio. Esto trae aparejada una dificultad para tomar conciencia del enseñar como hecho social e histórico y para aceptar las transformaciones.[8]
En la escuela y en las clases  el tiempo toma características de lo que hemos denominado “tiempo programático”. Esto es así desde la lógica  propia del mundo escolar. Entendemos por tal el tiempo de desarrollo de programas, de secuencias temáticas, contenidos. El devenir está dado por el pasaje a través del programa. Avanzar en él significa tiempo del año escolar transcurrido. Los otros significados del tiempo quedan reducidos a éste. Ello explica las incoherencias  que desde la realidad externa a la escuela pareen inexplicables. El saludo, el reencuentro, el interés por el tiempo personal, social e histórico quedan reemplazados por el avance en la sucesión de temas.
El espacio en las clases
Los espacios escolares, la distribución, el mobiliario, las paredes, los escritorios, los dibujos del aula están cargados de significados.
En la vida cotidiana se construyen esos significados. El espacio registra “huellas” de esa vida que los grupos-clase pasan en el aula. (“los espacios hablan”)
Los actores se apropian en mayor o menos medida de esos espacios y transmiten a partir de ellos su forma de vivir, de estar en las clases[9]

     V.      Orientaciones para el trabajo pedagógico
Desde nuestra perspectiva el trabajo pedagógico se ubica en el nivel técnico-instrumental. En lo que plantearemos a continuación tomaremos a la clase como objeto de operación más que de análisis. Lo instrumental debe integrarse, hacer eco a los significados que circulan en la clase, penetrar ese mundo y su lógica, para proponer modalidades de organización e instrucción en ese medio ambiente con el propósito de cumplir con la función de enseñar.
El trabajo pedagógico debe tener estas características:
-         Estar orientado a la clase en su conjunto y es u complejidad
-         Tomar al ámbito grupal como prioritario y operar en el campo grupal
-         Tomar la clase como objeto de análisis y como objeto de operación (La acción se centra en la segunda)
-         Considerar la tarea como articuladora y organizadora de la clase.
-         Apoyar las propuestas de acción en los significados provenientes de los análisis social y psíquico
-         Utilizar tipos de pensamientos coherentes con la complejidad, no simplificadores ni reductores
-         Indagar acerca de los significados que los distintos actores atribuyen a los actos
-         Considerar la historicidad de los sucesos y su connotación social
-         Analizar lo singular, lo idiosincrásico, tanto como lo general
-         Plantear  propuestas con alternativas variadas y no únicas o uniformes
-         Trabajar sobre interrogantes y no certezas
-         Incluir la subjetivad del mundo y de la realidad psíquica al igual que la externa
-         Plantear explícitamente y trabajar en consecuencia sobre los aprendizajes sociales, éticos y actitudinales, además de los cognitivos y motores
-         Pensar el rol docente como el de un coordinador que interviene facilitando los procesos de aprendizaje individual y los de interacción
-         Se desempeña desde su calidad de experto
-         Cumple con la doble función e atender a los problemas de la enseñanza, gestión y administración de clase
-         Desempeña roles diversos que apuntan a la producción de tareas, a proveer el conocimiento necesario para los alumnos, al seguimiento de los procesos dinámicos que tienden a la transformación y el trabajo sobre las estereotipias, al análisis de la situación de conflicto grupal y a su abordaje como problemas, a la toma de conciencia y al autoanálisis de cada sujeto
-         Crea dispositivos metodológicos diversos
-         Se cuestiona acerca de su lugar en la clase, el tipo y las fuentes de poder que utiliza y la calidad afectiva de los vínculos que establece con los demás
-         En los dispositivos metodológico que crea utiliza técnicas diversas y las combina creando estrategias y alternativas de acción variadas
No es posible extendernos más en los aspectos operacionales de la didáctica del lo grupal. Hemos señalado algunas orientaciones para trabajar dentro de una didáctica a la vez analítica y operativa basada en la concepción pedagógica que aquí hemos esbozado.


[1] El señalamiento en negrita es mío.
[2] Ver en la pagina 121 desarrolla en un párrafo los temas que tratará a lo largo del artículo.
[3] Para remitirse a las distintas teorías ver paginas123/4/5
[4] Para remitirse a las distintas teorías ver paginas126/7
[5] Para remitirse a las distintas teorías ver paginas128/9
[6] Para profundizar el tipo de investigación que llevan a cabo remitirse a la Pág. 140/141
[7] Ver paginas 143 y 144 las ideas que han recolectado durante 5 años de investigación.
[8] Para ver ejemplos remitirse a la Pág. 146/7
[9] Para ver ejemplos remitirse a la Pág. 148/9/50

El paradigma de la complejidad


Parte 3
El paradigma de la complejidad

El paradigma de la simplicidad

Para comprender el problema de la complejidad, hay que saber, antes que nada, que hay un paradigma de la simplicidad. En nuestra concepción un paradigma está constituido por un cierto tipo de relación lógica extremadamente fuerte entre nociones maestras, nociones claves, principios claves.
Así es que el paradigma de la simplicidad es un paradigma que pone orden en el universo, y persigue al desorden. El orden se reduce a una ley, a un principio. Pero la simplicidad no puede ver que lo Uno puede, al mismo tiempo, ser Múltiple. Es decir, que o bien, separa lo que está ligado (disyunción), o bien unifica lo que es diverso (reducción).
Con esa voluntad de simplificación, el conocimiento científico se daba por misión la de develar la simplicidad escondida detrás de la aparente multiplicidad y el aparente desorden de los fenómenos.

Orden y desorden en el universo

Al comienzo del S XX la reelección sobre el universo chocaba contra una paradoja. Por una parte, el segundo principio de la Termodinámica indicaba que el universo tendía al desorden máximo, y, por otra parte, parecía que en ese mismo universo las cosas se organizaban, se complejizaban y se desarrollaban. Sin embargo, como la degradación y el desorden también conciernen a la vida, la dicotomía no era posible. Hicieron falta estos últimos decenios para que nos diéramos cuenta que el desorden y el orden, siendo enemigos uno del otro, cooperaban, de alguna manera, para organizar el universo (Ver ejs. Sobre los remolinos Pág. 92).
Vemos como la agitación, el encuentro al azar son necesarios para la organización del universo. Podemos decir que el mundo se organiza desintegrándose. He aquí una idea típicamente compleja. En el sentido de que debemos unir a dos nociones que, lógicamente, parecieran excluirse: orden y desorden.
La complejidad de la relación orden/desorden/organización surge, entonces, cuando se constata empíricamente que fenómenos desordenados son necesarios en ciertas condiciones, para la producción de fenómenos organizados.
La complejidad esta allí donde no podemos remontar una contradicción y aceptarla es aceptar la contradicción, es la idea de que no podemos escamotear las contradicciones con una visión eufórica del mundo.

Auto-organización

Si concebimos un universo que no sea más un determinismo estricto, sino un universo en el cual lo que se crea, se crea no solamente en el azar y el desorden, sino mediante procesos autoorganizadores, podemos comprender entonces como mínimo, la autonomía, y podemos luego comenzar a comprender que quiere decir sujeto.
Ser sujeto no quiere decir ser consciente, ni tener afectividad, aunque la subjetividad humana se desarrolla, evidentemente con afectividad. Ser sujeto es ponerse en el centro de su propio mundo, ocupar el lugar del “yo”. Y el hecho de poder decir “yo”, de ser sujeto, es ocupar un sitio. Al ponernos en el centro de nuestro mundo, ponemos también a los nuestros: nuestros padres, hijos, conciudadanos. La concepción de sujeto debe ser compleja.
Ser sujeto es ser autónomo siendo, al mismo tiempo, dependiente. Es ser algo provisorio, incierto, es ser casi todo para sí mismo, y casi nada para el universo.

Autonomía

La óde autonomía es compleja porque depende de condiciones culturales y sociales. Esa autonomía se nutre, por tanto, de dependencia; dependemos de una educación, de un lenguaje, de una sociedad, así como de un cerebro, y dependemos también de nuestros genes.

Complejidad y completud

Hay, por cierto, muchos tipos de complejidad. Están aquellas ligadas al desorden, y otras que están sobre todo ligadas a contradicciones lógicas.
Pero en la visión compleja, cuando se llega por vías empírico-racionales a contradicciones, ello no significa un error sino el hallazgo de una capa profunda de la realidad que, justamente por ser profunda, no puede ser traducida a nuestra lógica.
Por eso es que la complejidad es diferente de la completud. Creemos, a menudo, que los que enarbolan la complejidad pretenden tener visiones completas de las cosas.
La conciencia de la multidimensionalidad nos lleva a la idea de que toda visión unidimensional, parcial, es pobre. Es necesario que sea religado a otras dimensiones; de allí la creencia de que podamos identificar la complejidad con la completud.
La conciencia de la complejidad nos hace comprender que no podremos escapar jamás a la incertidumbre y que jamás podremos tener un saber total.
Del mismo modo, no hay que confundir complejidad y complicación. La complicación, que es el entrelazamiento extremo de la inter-retroacciones, es un aspecto de la complejidad.

Razón, racionalidad, racionalización

Son los instrumentos que nos permiten conocer el universo completo.
La razón corresponde a una voluntad de tener una visión coherente de los fenómenos, de las cosas y del universo.
La racionalidad es el juego, el dialogo incesante, entre nuestro espíritu, que crea las estructuras lógicas, que las aplica al mundo, y que dialoga con ese mundo real.
La racionalización consiste en querer encerrar la realidad dentro de un sistema coherente. Y todo aquello que contradice, en la realidad, a ese sistema coherente, es descartado, puesto al margen.
Es muy difícil saber en qué momento pasamos de la racionalidad a la racionalización; no hay fronteras, no hay señales de alarma.


Necesidad de macroconceptos

No hay que tratar nunca de definir las cosas importantes por las fronteras, ya que son siempre borrosas, superpuestas. Hay que tratar, entonces, de definir el corazón, y esa definición requiere a menudo, macro-conceptos.

Tres principios

Hay tres principios que pueden ayudarnos a pensar la complejidad.
El principio dialógico nos permite mantener la dualidad en el seno de la unidad. Asocia a la vez dos términos complementarios y antagonistas. Lo que he dicho del orden y el desorden puede ser entendido en estos términos. Uno suprime al otro pero, al mismo tiempo, en ciertos casos, colaboran y producen la organización y la complejidad.
El segundo principio es el de recursividad organizacional. (ver ej. Remolino, pág. 106). Un proceso recursivo es aquél en el cual los productos y los efectos son, al mismo tiempo, causas y productores de aquello que los produce. Rompe con la idea lineal de causa/efecto, porque todo lo que es producido reentra sobre aquello que lo ha producido en un ciclo en si mismo auto-constitutivo, auto-organizador y auto-productor.
El tercer principio es el hologramático. En un holograma físico, el menor punto de la imagen contiene la casi totalidad de la información del objeto representado. No solamente la parte está en el todo, sino que el todo está en la parte.
La idea hologramática está ligada, ella misma, a la idea recursiva, que está, ella misma, ligada a la idea dialógica de la que partimos.



Parte 4
La complejidad y la acción

La acción es también una apuesta

Ciertamente la acción es una decisión, una elección, pero es también una apuesta. La acción es también estrategia, ya que ésta permite, a través de una decisión inicial, imaginar un cierto número de escenarios para la acción. La estrategia lucha contra el azar y busca a la información.
El dominio de la acción es muy aleatorio, muy incierto. Nos impone una conciencia muy aguda de los elementos aleatorios, y nos impone la reflexión sobre la complejidad misma.

La acción escapa a nuestras intenciones

Aquí interviene la noción de ecología de la acción. En el momento en que un individuo emprende una acción, ésta entra en un mundo de interacciones y es finalmente el ambiente el que toma posesión, en un sentido que puede volverse contrario a la intención inicial.

Prepararse para lo inesperado

La complejidad no es una receta para conocer lo inesperado. Pero nos vuelve prudentes, atentos, no nos deja dormirnos en la mecánica de lo aparente y los determinismos.
El pensamiento complejo no rechaza, de ninguna manera, a la claridad, al orden, al determinismo. Pero los sabe insuficientes, sabe que no podemos programar el descubrimiento, el conocimiento, ni la acción.

INCLUSIÓN: Educación para la diversidad con cohesión social




ejercicio del derecho a la educación suele
tener tres etapas
– Acceso de los excluidos con opciones segregadoras.
– Integración de los grupos excluidos al sistema
educativo disponible sin adecuarlo.
– Inclusión. Adaptación de los sistemas educativos y de
la enseñanza para dar respuesta a las necesidades


INCLUSIÓN: Educación para la
diversidad con cohesión social
Es un medio fundamental para
“aprender a vivir juntos” y “aprender a
ser”
Es una responsabilidad de todos
RESUMEN:
El estudio plantea el objetivo de conocer el componente socialitzador de la Educación Física (EF)en la inclusión del alumnado con discapacidad motriz y, por lo tanto, detectar y analizar las evidencias que pueden condicionar la inclusión de este alumnado en las sesiones de EF y evidenciar qué modelo y qué estrategias educativas favorecen la socialización de este alumnado en nuestra área.
El estudio se ha basado en el seguimiento de tres casos a lo largo de un curso académico. Tres alumnos de 10 años de 50 de primaria escolarizados en centros públicos ordinarios de Barcelona ciudad. Las discapacidades que presentan son, respectivamente, osteogénesis imperfecta (huesos de cristal) -usuario de silla de ruedas-, acondroplasia (enanismo) y disgenesia neuronal (provocando paraparesia) -usuario de muletas.
El estudio se inscribe dentro de la investigación educativa, bajo el paradigma interpretativo. Por cada uno de los tres casos, los instrumentos utilizados en la recogida de datos han sido el diario de campo, el sociograma (6 en cada grupo-clase, comparando la situación de aula y EF) Y las entrevistas en profundidad y estructuradas (en total 33). En el análisis de los diarios de campo y las entrevistas se han establecido categorías y con el apoyo del programa ATLAS-TI se han creado unidades hermenéuticas que han permitido hacer el tratamiento estadístíco de las categorías.
Para analizar la socialización se han determinado las categorías en función de las cualidades para considerar a una persona preparada para vivir en sociedad: conformidad normativa, identidad, autonomía individual y solidaridad. También se han analizado las sesiones de EF, detectando las estrategias facilitadoras de la inclusión, las que la obstaculizan, el papel de la auxiliar de Educación Especial, las actitudes de los docentes respeto a los alumnos observados, el análisis de las tareas y la descripción de los alumnos participantes.
En las entrevistas se analizó: la descripción de los 3 alumnos, su socialización, la respuesta escolar desde la organización del centro, las estrategias inclusivas de las maestras de EF y otros aspectos relevantes en función de la persona entrevistada.
Una vez triangulados los resultados de las tres herramientas utilizadas, los resultados de la investigación nos indican que:
- La socialización en EF no puede analizarse aisladamente, dado que forma parte de la construcción social y global de la realidad.
- La socialización en la escuela está inmersa en una realidad poliédrica y permeable, en la que tienen un papel relevante el contexto familiar, la personalidad del propio alumno, el profesorado, la organización escolar, el resto de áreas y los compañeros.
- Se evidencia la fragilidad de la transferibilidad de la socialización desde la EF al aula, constatándose una asimetría, de tal forma que no hay paralelismo.
- Por lo tanto, en la inclusión de I'alumnado con discapacidad motriz (en estos casos) no es posible atribuir a la EF un efecto socializante significativamente superior al del resto de las actividades escolares en su conjunto.
Respecto a las evidencias que condicionan la inclusión del alumnado con discapacidad motriz en la sesión de EF, destacan:
- En la organización escolar,la EF está deficitariamente reconocida en comparación con las áreas instrumentales.
- La personalidad y el carácter de I'alumnado influencian significativamente en su socialización en el área de EF.
- La aplicación de estrategias docentes inadecuadas pueden comportar la desmotivación del grupo y del alumnado con discapacidad motriz, pudiendo favorecer la segregación.
La utilización d'estrategias inclusivas en EF facilita la participación activa y efectiva del alumnado con discapacidad motriz, favoreciendo la adquisición de aprendizajes, la sensación de bienestar y de pertenencia al grupo.

“En la escuela. Sociología de la experiencia escolar”


DUBET, F. y MARTUCCELLI, D.
“En la escuela. Sociología de la experiencia escolar”

Introducción
Al preguntar “qué fabrica la escuela “nos gustaría saber que tipos de: actor social y sujeto se forman en el transcurso de largas horas en las aulas, dando por supuesto que la escuela no se reduce solamente a la clase, sino que también es uno de los espacios esenciales de la vida infantil y juvenil.
Sin ignorar nada de sus funciones de reproducción social, debemos concebirla como un aparato de producción. La escuela no produce solo certificaciones y niveles más o menos certificados de competencias: produce también individuos con una cierta cantidad de actitudes y disposiciones. Pero a la vez la escuela tiene también el poder de destruir a los sujetos, de doblegarlos a categorías de juicio que los invalidan; desde el punto de vista de los alumnos la educación puede tener sentido… y puede asimismo estar privada de él.
La escuela era concebida como una institución que transformaba los valores en normas, y las normas en personalidades. La educación debía asegurar simultáneamente la integración de la sociedad y la promoción del individuo. Desde hace mucho tiempo esta representación ya no permite describir el funcionamiento real de la escuela. La escuela no sólo no alcanzó los objetivos igualitarios que pudo proponerse, sino que además ya no funciona como institución. Entonces, la influencia de la escuela sobre la sociedad es actualmente tan grande que los objetivos educativos pasan a segundo plana, loa competencia de la escuela pública y de la escuela privada, la de diversos establecimientos y la de múltiples filiales ponen más en juego esperanzas de éxito escolar y social que filosofías educativas. Pero sin embargo, la educación no desaparece, aunque sus principios resulten particularmente perturbados.
La fabricación de actores y de sujetos no surge del funcionamiento regulado de una institución en la cual cada uno desempeñaría su rol. Entonces es necesario reemplazar la noción de rol por la de experiencia. Los individuos ya no se forman solamente en el aprendizaje de roles sucesivos propuestos a los estudiantes, sino en su capacidad para manejar en la vertiente subjetiva del sistema escolar. Combinan las lógicas del sistema que los actores deben articular entre ellas: la integración de la cultura escolar, la construcción de estrategias sobre el mercado escolar, el manejo subjetivo de los conocimientos y las culturas que los portan. Los actores so socializan a través de estos diversos aprendizajes y se constituyen como sujetos en su capacidad de manejar su experiencia, de devenir, por una parte, en autores de su educación. En ese sentido, toda educación es una autoeducación, no es tan solo una inculcación, es también un trabajo sobre sí mismo.
Las amistades y los amores juveniles, los entusiasmos y las heridas, los fracasos y los éxitos, participan tanto en la formación de los individuos como los aprendizajes escolares. Para comprender lo que fabrica la escuela, hay que tratar de analizar todo este trabajo, comprender de la manera más objetiva posible cómo se construye la subjetividad de los individuos que son a la vez los que la escuela ha querido hacer de ellos y lo mucho que escapa a su control aunque se fabrique es su seno.
La socialización es un proceso paradójico. Por una parte es proceso de inculcación; por otra, sólo se realiza en la medida en que los actores se constituyen como sujetos capaces de manejarla. La sociología crítica ha negado el 2do término de la paradoja, viendo en la escuela solamente un aparato de control. La sociología clásica, la de la “paideia funcionalista”, ha intentado superar la paradoja mediante la confianza en la universalidad de la “civilización” y de la modernidad y mediante la creencia en la capacidad de las instituciones para proponer una experiencia coherente e integrada. Hoy no se puede aceptar ni en “encantamiento” de la posición clásica, ni las aporías de luna posición crítica que sólo percibe en la escuela un aparto de inculcación, donde los alumnos serían tan sólo receptáculos pasivos de una ideología.
Para comprender lo que fabrica la escuela, no basta con estudiar los programas, los roles y los métodos de trabajo, es necesario también captar la manera con que los alumnos construyen su experiencia, “fabrican” relaciones, estrategias, significaciones a través de las cuales se constituyen en ellos mismos. Hay que ponerse en el punto de las funciones del sistema. L experiencia social no es un objeto positivo que se observa y mide desde fuera como una práctica, común sistema de actitudes y de opiniones, porque es un trabajo del actor que define una situación, elabora jerarquías de selección, construye imágenes de sí mismo. Es a la vez un trabajo normativo y cognitivo que supone un distanciamiento de sí, una capacidad crítica y un esfuerzo de subjetivación.[1] 
Grupo de alumnos[2]
Grupo de adultos: La educación y más ampliamente la socialización de los niños y jóvenes, se inscriben en una relación disimétrica entre los adultos y los niños, entre los que saben, entre los que tienen poder de construir las jerarquías, los programas y los métodos y aquellos que son los objetos, aunque el desequilibrio de relaciones nunca signifique que los dominados estén totalmente privados de poder y de recursos[3]
Los alumnos no definen ni las relaciones de las culturas familiares y de las cultura escolar, ni las y utilidades sociales objetivas métodos pedagógicos.
La formación de los actores y de los sujetos se presenta como una sucesión de etapas. En principio, los alumnos de la escuela elemental o primaria están dominados por un principio de interiorización de las expectativas de los adultos. Después, en el colegí, entran en la afirmación de una subjetividad que introduce una cierta tensión con la escuela. Finalmente en el liceo, acceden a una racionalidad definida por las utilidades escolares, y una posibilidad de “vocación” construida por el interés propio ante ciertas disciplinas. Pero no todos los alumnos franquean estas espatas de la misma manera. Unos elaboran poco a poco una experiencia que dominan, mientras que otros no lo logran, se sienten desposeídos, indiferentes, a veces destruidos en su recorrido[4]. Así, el sistema escolar no puede ser solamente definido por sus gradaciones y sus jerarquías de éxitos y fracasos; es también el marco y el organizador de las experiencias de los alumnos, “fabrica” diversos tipos de actores y de sujetos que serán llamados a para diversas posiciones sociales. La escuela no es solamente “igualitaria”, produce también diferencias subjetivas considerables, asegura a unos y debilita a otros. Unos se forman en la escuela, otros a pesar o en contra de ella.

Escuela y educación
Capitulo 1:
LAS MUTACIONES DE LA ESCUELA

No se puede estudiar ka experiencia escolar sin alejarse de la imagen e la escuela concebida como una institución actualmente integrada, vinculando armoniosamente las actividades de sus miembros, o bien alrededor de una “función” única jerarquizando role y conductas. De hecho, esta imagen jamás fue considerada como una descripción de la realidad del sistema escolar, sino concebida como una norma deseable, como un ideal. Si la escuela está hoy rodeada de un aura de nostalgia, si es simultáneamente defendida y criticada, es sin duda porque ya no puede ser verdaderamente una institución en la medida en que debe llenar simultáneamente “funciones” de naturaleza distinta , donde debe perseguir objetivos diversos que ya no se acuerdan armoniosamente e sus principios más esenciales, como parecía suceder “antes”.
Todo sistema escolar debe llenar tres “funciones” esenciales y puede ser definición según la manera en que las jerarquiza y las articula. Aquí la palabra función es metafórica; designa menos una necesidad del sistema social en su conjunto que el conjunto de problemas que todo sistema escolar debería regular y con relación a lo cuales no puede evitar definirse. Si no fuera por sus connotaciones “funcionalistas la palabra función es perfectamente aceptable y útil para describir las presiones impuestas a toda acción organizada
1)     Función de distribución: la escuela atribuye calificaciones escolares que poseen cierta utilidad social en la medida en que ciertos empleos, posiciones i estatutos están reservados a los diplomas. La escuela reparte bienes con cierto valor en los mercados profesionales y la jerarquía de las posiciones sociales.
2)     Función educativa: vinculada al proyecto de producción de un tipo de sujeto no totalmente adecuado a su utilidad social
3)     Función socializadora: Apunta a la integración en un sistema y una sociedad. La escuela produce un tipo de individuo adaptado a la sociedad en la cual vive, retomando la herencia que toda educación transmite. Se desarrolla en una organización escolar caracterizada por una “forma” escolar, un conjunto de reglas, de ejercicios, de programas y de relaciones pedagógicas resultante del encuentro de un producto educativo y de una estructura de oportunidades sociales. El actor es considerado como un alumno obligado a aprender roles y un “oficio” a través de los cuales interioriza normas y aptitudes que implantan las disposiciones que le permiten entrar en las sociedades.

LA ESCUELA REPUBLICANA: un sistema estratificado y regulado

No queda por ver cómo se han articulado y cómo se combinan hoy estas diversas “funciones”, es decir, cómo engendran un modo de regulación de las relaciones escolares, especialmente de las relaciones pedagógicas.

Los públicos separados
Cada tipo de público escolar correspondía groseramente a una categoría social, como si varias escuelas se yuxtapusieran en función de las características sociales de los alumnos. Durante largo tiempo, la función de distribución social de la escuela no se realizó a partir de una competencia abierta; los alumnos se inscribían desde su nacimiento en un marco escolar específico, en el seno de un sistema que se presentaba como un conjunto de formaciones particulares y relativamente estancas. La escuela republicana se acomodó a un funcionamiento que tenía más que ver con una política de apartheid que con la competencia democrática cuyo modelo trazara Tocqueville. Estas palabras son sin duda excesivas, pero apuntan a subrayar el mecanismo central de un modo de distribución que será trastornado por la masificación.

Los modelos educativos de la escuela
La formación de la escuela republicana a fines del siglo XIX es una apuesta filosófica y política central. La primera dimensión de este espíritu republicano es la afirmación de la “nación” como consentimiento de los ciudadanos. Por que inscribe la separación de la iglesia  y del Estado en la organización misma de la sociedad, la escuela republicana se pretende democrática. Sin embargo, no es democrática asegurando la igualdad de condiciones a través de la movilidad social, sino instalando las libertades públicas y la libertad de conciencia en la comunidad de los ciudadanos. El proyecto republicano no se preocupa solamente por limitar las intrusiones de la iglesia porque debe promover el espíritu de las Luces, de la Razón y del pensamiento positivo. La escuela “liberadora” es combatiente y militante.
La igualdad ante la escuela es una impostura “destinada” a abusar del pueblo para asentar un poder frágil. En cuanto al proyecto educativo en sí, aparece como una voluntad de “doma” de los obreros por una burguesía desconfiada, en su interior de la instrucción.
De tal modo la dimensión “progresista” de este programa educativo ha tardado mucho en agotarse. Que nos baste con advertir hoy el peso de esta mezcla de prejuicios y de convicciones, de nostalgias y utopías, para convencernos de la presencia de aquel momento fundador, cuando la escuela francesa no se parece hoy en nada a aquella que nació hace más de un siglo. Pero sucede como si cada maestro y muchos padres también tuvieran aún la imagen en el corazón, tal como lo demuestra la pasión de los debates. Esa nostalgia no es sólo el amor al pasado, es también el llamado a un momento en que la dimensión educativa de la escuela era explícita, en que, como dicen los maestros, la escuela tenía un sentido porque se identificaba a la vez con la nación, el progreso y la libertad    

Socialización y formas escolares
La socialización de la nueva generación se realiza en una organización, es una organización, en una forma escolar que articula las dos “funciones” precedentes: la de distribución y la de educación. Es esta norma la que define la relación pedagógica y fija las normas y las reglas de la vida escolar. Es la que construye la continuidad de los hábitos, de las posturas y de las posiciones, que da un rol a cada uno, que establece lo que llamamos pedagogía: un currículo, métodos y ejercicios, aprendizajes.
Esta forma escolar puede esquematizarse alrededor de ciertos rasgos esenciales y forzosamente caricaturescos. Se inscribe en una tradición humanista que considera que los niños y los adolescentes son seres incompletos, todavía naturales, a veces peligrosos, y que conviene enderezarlos, es decir ponerlos de pie. Así la pedagogía es muy desconfiada al considerar un grupo de pares, un grupo de niños y de jóvenes que conduce fatalmente al sujeto pedagógico hacia su estado “natura”  y no adulto. La escuela francesa no da mucho lugar a la infancia y a la adolescencia pues sólo se dirige a la parte de razón que dormita en cada uno, y que se trata de hacer surgir por el ejercicio de la repetición y de la memoria. La disciplina desempeña un rol esencial por el silencio, el dominio del cuerpo, la opuesta en orden, y sobre todo con la construcción de una distancia benévola sin duda, pero distancia pese a todo, entre los niños, considerados como alumnos y como adultos. El maestro y el alumno, el niño y el adulto, están separados por una barrera natural infranqueable. Es verdad que toda pedagogía implica este tipo de estratificación, pero es también verdad que está especialmente acentuado en esta reforma republicana si se la compara al modelo de los colegios ingleses. No está excluido que la separación, surgida de la guerra escolar, entre instrucción y educación haya acentuado la ruptura entre el niño y el adolescente por una parte, y el alumno por otra. Aún hoy, el debate no se ha extinguido si se cree en las resistencias que aparecen en el cuerpo docente cuando es invitado a ampliar su papel más allá de la transmisión de conocimientos. 
Como lo recuerda G. Vincent, más allá de su función de instrucción, el ejercicio escolar debe desarrollar la autonomía del individuo, no por el descubrimiento de caminos particulares, sino por el control de sí mismo. Es así como se doman individuos “introdeterminados”. La influencia de esta regla impersonal es tal que uno de los rasgos más específicos del sistema escolar francés reside en la preeminencia de la forma de clase y en la debilidad del establecimiento, comunidad susceptible de establecer su propia política. La regulación del sistema se de tipo “mecánico”, descansa sobre un principio de similitud, conductas idénticas no tienen muchos vínculos directos entre sí: cada maestro realiza en su clase las mismas actividades que sus colegas porque aplica las mismas reglas impersonales y desarrolla el mismo programa.
Ni el sistema de relación entre los maestros, ni las particularidades del entorno, ni las demandas de los padres pueden afectar sensiblemente a la impersonalidad de la regla universal, invitando a cada uno a cumplir la misma tarea que los demás. Se crea pues una regulación “serial” del sistema, en la cual el establecimiento no constituye sino una unidad administrativa y no es un verdadero actor pedagógico. Del ministerio a la clase no hay nada más que relaciones jerárquicas y reglamentos; ningún nivel dotado de capacidades reales de decisión. Este tipo de formación burocrática implica modos de formación y de reclutamiento de maestros asegurando su homogeneidad, al mismo tiempo que concede gran autonomía pedagógica a cada maestro, que se encuentra asó preservado de un control directo.

Escuelas separadas
La articulación de un proyecto educativo ha conducido a la puesta en su sitio de escuelas separadas en el seno de un sistema único. Sobre este  modo se realiza la regulación del conjunto.
La escuela elemental (escuela primaria) fue la única verdadera escuela republicana en la medida en que su función educativa es la más deslumbrante. La función educativa de la escuela elemental no queda muy afectada por su función de distribución, pues esta escuela no tiene el deber de asegurar la promoción de todos.
El liceo,  esta dominado por las humanidades clásicas. Como en l escuela primaria, existe una relativa armonía entre el cuerpo docente y el público de los alumnos en términos de cultura y de reclutamiento social, en términos de acuerdo preestablecido sobre la naturaleza del juego escolar. Este acuerdo es tanto más sólido cuanto que la separación de sexos deja poco espacio a la vida juvenil, y el profesor del liceo permanece bajo la mira de la pequeña ciudad y de los padres. El liceo valora la gran cultura y la “gratuidad” del conocimiento que deben guiar al aprendizaje. Esta “gratuidad” del vínculo con la gran cultura del a cual muchos tienen hoy nostalgia, descansa sobre una “mala fe” en la medida en que la gratuidad cultural es socialmente “rentable” en razón de la débil asistencia escolar y la cantidad limitada de diplomas. Para unos el bachillerato sanciona una pertenencia, para otros, asegura una movilidad, a todos les otorga una dignidad cultural y un porvenir social. El orden escolar con sus ritos, sus internados, sus camperas, sus ejercicios y sus rutinas no se cuela tan fácilmente del mundo sino por la seguridad de una fuerte rentabilidad social de las formaciones.
La escuela obrera no sólo está “abajo” sino también “al costado” del sistema escolar. También ella reposa en el principio de ajuste entre la oferta y la demanda puesto que allí obreros enseñan a futuros obreros en un intento de adaptación a las economías locales que las distingue del conjunto del sistema escolar.
La escuela de suboficiales, se sitúa entre la escuela del pueblo y la de la burguesía. Es la que debe formar las capas medianas, las que tendrán una función de autoridad, sin acceder no obstante a la futura clase dirigente. Ni secundaria, ni profesional, la escuela primaria superior acoge a los mejores alumnos de las clases populares superiores y capas medias, las que no pueden pretender a la dignidad del liceo. Instalados en pequeñas ciudades, los colegios prolongan los métodos primarios, especialmente la enseñanza “en espiral” culminando en el diploma elemental y en diploma superior, abriendo el acceso a los concursos de la función pública, en particular al de las escuelas normales de maestros. Los colegios y las escuelas primarias superiores son intermediarios de varias maneras. En principio, son los que constituyen el primer nivel de la movilidad escolar y social de la III República: al acceder los padres al colegio, sus hijos podrán alcanzar el liceo. El reino de las humanidades en el liceo no permite esperar un pasaje directo del colegio a las vías reales del liceo, que requieren el conocimiento del latín. Por lo demás, el colegio es intermediario en razón de su estilo pedagógico que oscila entre el de la escuela elemental y el del liceo, y se sabe que la querella será larga para saber quién debe controlar el colegio antes que la secundarización no lo arrastre en nombre de la escuela única.

Un sistema regulado
La regulación del sistema viene también de que las expectativas pedagógicas están netamente identificadas y definidas en cada una de las culturas escolares, confiadas a cuerpos docentes también específicos y siguiendo reglas suficientemente estables como para que los padres tengan el sentimiento de que sus hijos han sido socializados en la misma sociedad escolar que ellos mismos. La ausencia de la “infancia” y de la “adolescencia” refuerza finalmente la homogeneidad de estos objetivos. La juventud popular, la que trabaja pronto, se ausenta rápidamente de la escuela; sólo la juventud “burguesa” la frecuenta largamente.

LAS MUTACIONES EN LA ESCUELA

Si fuera necesario retener un hilo conductor para analizar las transformaciones del sistema “republicano” sería sin duda el de la masificación. Más que las voluntades políticas o que los cambios organizacionales y pedagógicos, la masificación ha transformado las reglas del juego escolar, sus regulaciones, las relaciones pedagógicas y los vínculos del sistema con su entorno.  

Masificación y competencia
La primera ola de masificación de posguerra, la de los años `50 y `60, se basa en un crecimiento muy notable de los efectivos escolares en la enseñanza secundaria. Se desarrolla en lo esencial dentro de la antigua forma escolar. La ampliación de los efectivos de la enseñanza secundaria hacia las clases medias atenúa el peso del nacimiento en la carrera escolar, pero no lo anula y las grandes distinciones entre los ciclos se mantienen. En fin, aunque los liceos y los colegios se han confrontado con públicos nuevo, logran mantener una forma pedagógica tradicional. Es entonces en un marco ampliamente conservador donde se realiza una masificación democrática en la medida en que, hasta el umbral de los años `70, las oportunidades de obtener diplomas ente las diversas categorías sociales se reducen sensiblemente. Sin cambiar nada del sistema escolar, el ideal de una masificación democrática, de una reducción de las desigualdades asociada al desarrollo de la escolaridad, parece haber sido alcanzado en los años setenta. Agreguemos a este cuadro el rol del fuerte crecimiento económico y de la modernización del aparato productivo, que absorben a los nuevos diplomaos y hacen que la multiplicación de diplomas no los devalúe; el vínculo entre las calificaciones escolares y las plazas ofrecidas  no es perjudicado por la masificación. La utilidad social de los estudiantes sigue siendo fuerte. Las clases medias, las mujeres y una parte de los hijos de obreros, cuando son buenos alumnos, son los grandes beneficiarios de esta primera ola de masificación.
La segunda fase de la aceleración de la masificación comienza a fines de los `70 y no cesa de acrecentarse después con un fuerte impulso durante los 5 últimos años. Esta masificación ha transformado profundamente el sistema de distribución de diplomas y el vínculo entre las calificaciones escolares y las calificaciones sociales. Diversos efectos deben ser subrayados.
El primer efecto concierne a la naturaleza misma del mecanismo selectivo. La selección ya no se hace por encima de una clasificación social previa a la inscripción a los estudios, sino que se realiza en el mismo flujo de los recorridos escolares, según procesos más inmediatamente escolares que sociales. La gran estratificación ya no se opone a quienes acceden a los estudios secundarios y quienes no se benefician con ellos, sino a los que logran su recorrido y aquellos que fracasan y sin orientados hacia vías de relegación relativa. Allí donde había primero modos de selección social, aparecen procedimientos de selección escolar. La barrera esencial ya nos distingue a los que van al colegio de los que no van, sino a aquellos cuyas calificaciones conducirán hacia enseñanzas menos prestigiosas. Esta transformación no significa evidentemente que el nacimiento ya no “determine” la carera escolar, sino que esta determinación pasa ahora a través de los mismos resultados escolares. Es el efecto del nacimiento mismo, lo que fija la carrera escolar en la escuela de masas. Todo vínculo en los estudios ha quedado trastornado.
Masificando, el sistema nuevo entra en un proceso de diversificación continua. Las ramificaciones escolares s multiplican según relaciones jerárquicas extremadamente pronunciadas. De ahora en adelante, se puede esperar de esta verdadera mutación de la función de distribución algunos cambios en las relaciones de los actores y la escuela. Puesto que el nacimiento no basta para triunfar automáticamente conviene desarrollar una verdadera competencia escolare en la educación de los niños, y una cierta capacidad estratégica en el arte y la manera de utilizar racionalmente el sistema. EL tema de los consumidores en la escuela, el de la competencia de los padres capaces de orientarse en el sistema de selección, adquiere una importancia central. No sólo se crea una “inflación” y una “devaluación” de los diplomas, sino que la desocupación de los jóvenes hace que el fracaso escolar acarree grandes ocasiones de arrastrar un fracaso social. El hecho de que los diplomas continúen protegiendo a quienes los poseen acentúa   la desventaja de aquellos que no los tienen. La ausencia de calificación  escolar puede entonces parecer una “calificación negativa”, se convierte en algo más que una carencia, es una verdadera desventaja. La masificación ha hecho surgir nuevos públicos escolares: aquellos que no estaba escolarizados después de la edad de la escolaridad obligatoria y que abandonan precozmente la escuela por el campo o por la fábrica. Los niños “difíciles” por diversas razones, psicológicas y sociales, no se convertían en adolescentes “con problemas”. Con el ensanchamiento masivo de la escolaridad, la escuela debe recibirlos cada vez por más largo tiempo. La escuela no tiene gran cosa para proponerles y s encuentra particularmente desarmada.     
La enseñanza secundaria de masa no sólo ha cambiado los mecanismos internos de la discusión escolar y las relaciones de la escuela con su entorno, sino también ha transformado la representación de la escuela. Mientras la escuela republicana podía argüir su rol de justicia frente a una sociedad injusta, la escuela de masas produce ella misma las injusticias por sus mecanismos selectivos, pues la igualdad formal esconde los diversos mecanismos gracias a los cuales ciertos grupos conservan sus privilegios. Ya no es la sociedad quien produce la injusticia: es la escuela misma.

Finalidades diversificadas
La escuela republicana podía descansar sobre principios educativos claramente afirmados y definidos: los valores republicanos, la gran cultura o la socialización obrera. Esta representación de las funciones educativas de la escuela podía ser tanto más diferenciada en cuanto que la escuela participaba de un movimiento histórico, de instauración de una nación y de un civismo, sin jugar un rol mayor en la distribución social de los individuos.
Así la escuela está hoy sometida a una finalidad de adaptación a la economía y a los empleos, que se manifiesta, especialmente, por la creación continua de nuevas redes, nuevas formaciones  y, más allá, por la crítica ampliamente popularizada de la inadaptación, que sería uno de los principales factores de desempleo. Que esta finalidad de utilidad social de la formación sea directamente afirmada, como ciertas formaciones, o que sea denegada y rechazada en nombre de la autonomía de la educación, no impide que oriente cada vez más fuertemente las opciones educativas de los alumnos y de las familias, engendrando así orientaciones educativas muy diferentes de la escuela de la Republica o de las de las humanidades. No es necesario que la escuela se identifique a una empresa para que la formación escolar sea percibida en términos de competencia y de calificaciones. El desarrollo de una literatura y de una prensa especializada destinada a desarrollar las competencias educativas de los padres es, a este respecto, revelador: dice cómo ser un padre eficaz ayudando a sus hijos a ser escolarmente eficaces[5].     

La organización desestabilizada
El cuadro administrativo global de la educación nacional ha permanecido sólido y homogéneo, habiendo sabido absorber las olas de la masificación sin reformas espectaculares. Los diversos cuadros han sido mantenidos en la enseñanza elemental, en el colegio, en el liceo y en la enseñanza profesional. No es en este nivel donde la organización escolar ha sido sensiblemente transformada por la masificación, sino en sus redes más apretadas: las de las formaciones y relaciones pedagógicas mismas.
En la medida en que la masificación ha provocado una fuerte diversificación de redes y de oferta, en la medida también en que las finalidades educativas son múltiples y a menudo poco conciliables, la organización pedagógica se encuentra desestabilizada, provocando un sentimiento de crisis endémica. La imagen dominante es  la de una crisis continua del sistema educativo, debida al derrumbe de las antiguas formas pedagógicas, a la “caída” de nivel, al debilitamiento del prestigio de los docentes, a la competencia de la cultura escolar  y cultura de masa más seductoras y más poderosas, a la llegada de nuevos alumnos “inadaptados”… La letanía de la crisis es larga y bien instalada en las costumbres y en el paisaje mediático; todas las decadencias de la escuela y, más allá, de la sociedad entera porque, en Francia, la escuela fue nación. Este sentimiento de crisis es tan ampliamente compartido que engendra un pensamiento restaurador, representado fuertemente tanto en la izquierda como en la derecha, un pensamiento que llama al retorno hacia los principios simples de un mundo desaparecido. Es verdad que sólo los ganadores de aquel antiguo mundo acceden a una palabra pública, y que presentan su aventura personal como la historia común y como un ideal[6].   
Pero sí se debe resistir a la imagen obsesiva de una crisis, hay que admitir que la organización escolar ha cambiado totalmente modo de regulación, en especial porque las selecciones centrales no pueden definir las conductas de cada un de los átomos del sistema. Has el mundo de los docente ha cambiado. La feminización se ha acelerado, provocando un aumento del  nivel social de maestros y, durante largo período, una diversificación de los modos de acceso a la enseñanza por las “grandes” y las “pequeñas” puertas. En la enseñanza profesional que eran ellos mismos antiguos obreros, se ha deshecho. Los alumnos  están más claramente definidos por su fracaso y su orientación “negativa” que por su origen obrero únicamente, que aparece como un factor de “sobredeterminación” los nuevos profesores de enseñanza profesional tienen una formación superior y, además, una división sexual de trabajo se ha instaurado entre la enseñanza general feminizada y la enseñanza en talleres aún masculina. La formación de maestros y de profesores adquiere entonces una nueva importancia, porque el viejo ajuste entre las definiciones escolares y sociales de los alumnos y de los profesores ha sido claramente  sacudida. La formación se convierte en objeto de debates y de tensiones latentes, relativas alas finalidades perseguidas. El nivel científico, la didáctica, la psicología, no son solamente disciplinas necesarias, sino también maneras de definir un oficio que no puede ser conseguido solamente como la transmisión de conocimientos, sino también como la construcción de una relación pedagógica que no da más de sí cuando las relaciones de los maestros y los alumnos no descansan sobre expectativas compartidas y definiciones de roles aceptados. La unidad de juicio se ha roto. Los profesores, los alumnos, la administración y los padres forman, dice J. –M Chapoulie, un cuadro dramático en el cual cada uno se percibe como hostil a todos. Los equilibrios precarios reemplazan al orden  “natural” de la vida escolar[7].

La institución, el rol y la experiencia
En términos sociológicos, la escuela republicana puede ser descrita  como una institución. Las diversas “funciones” de la escuela están claramente ajustadas y la institución se define como un aparato que transforma valores generales en normas y en roles, teniendo estos roles, a su vez, la capacidad de formar “personalidades sociales”. Ajustadas, al precio de segregaciones sociales y de una definición fuerte pero limitada del proyecto educativo, las relaciones escolares son en principio relaciones de roles en las cuales se cuelan y se desvelan las personalidades de los individuos. El individuo de esta institución es menos definido por su originalidad o sus particularidades, que por la autonomía de que da pruebas liberándose de una forma escolar cuyos principios esenciales ha hecho suyos. EL individuo es un personaje social que conquista su autonomía por la misma fuerza de su integración social, es decir de su interiorización de la sociedad. Y si la educación se libera, es porque funda esta personalidad social sobre los valores universales de la razón y del conocimiento. Si el niño obedece al adulto “naturalmente”, el alumno obedece al maestro porque el conocimiento lo libera y a su vez lo hace crecer[8].
EL funcionamiento de la escuela sobre el modo de una institución, que  aquí no es evidentemente un modelo normativo, exige algunos prerrequisitos: un ajuste previo de los públicos escolares y de los maestros, la afirmación explícita de un principio educativo central, y la construcción de una distancia cortada ente la cultura escolar y cultura civil. Estas condiciones, que fueron las de la escuela republicana, no se establecen hoy con la misma certidumbre. La masificación escolar quiebra el ajuste previo de las expectativas de los maestros y de los alumnos. Está también asociada a una diversificación de los objetivos educativos. En fin, la masificación debilita  las barreras entre la escuela y su entorno por la exigencia de utilidad social de los diplomas y por el peso de una cultura juvenil de masas. En este nuevo contexto, la escuela ya no puede ser percibida como una institución en el sentido que hemos evocado. De la misma manera, el establecimiento escolar ya no es  solamente el eslabón de una cadena burocrática: está obligado a construir una “política”  ajustando las prácticas de los docentes y de los alumnos y dándoles un cierto dominio de su entorno. La escuela es una organización de fronteras flotantes, de objetivos cada vez redefinidos, de relaciones cada vez reconstruidas; ya no es reductible a la forma urocrática general que la encierra. En este universo diversificado, los actores deben recomponer sus prácticas a partir de elementos que ya no son naturalmente acordados. No les basta con desempeñar un rol porque éste ya no permite actuar eficazmente o manejar las relaciones a los otros. Así, en una relación escolar desreglada, el maestro debe construir la jerarquía y la combinación de sus objetivos, y debe también construir una relación escolar que no le es enteramente dada. La misma observación vale para los alumnos. Ya nos es posible reducir sus conductas a su rol porque deben, exponer sus investigaciones de utilidades escolares, el sentido educativo que atribuyen a su trabajo, su integración en un mundo juvenil que recorta ampliamente al de la escuela… La escuela ya no puede ser considerada como una institución que transforma principios en roles, sino como una sucesión de ajustes entre los individuos, adultos o jóvenes, que construyen sus experiencias.
La desregulación de la institución no es la anarquía o el simple encuentro aleatorio de individuos sino que su conocimiento implica un razonamiento sociológico centrado en la actividad de los actores que construyen la escuela al construir su experiencia. Evidentemente, esta desregulación no tiene el mismo peso en todos los sectores del sistema escolar. Es netamente más sensible en el colegio y en el liceo que en la escuela elemental, donde la forma tradicional se mantiene más claramente; también está más presente en los sectores donde se concentran los públicos nuevos, que en aquellos donde la elite escolar y social ha logrado mantener una forma institucional.     

Socialización y experiencia escolar
La sociología de la socialización es concebida como el estudio de la transmisión de lo social, conduciendo a privilegiar la unidad del actor y del sistema, y la unicidad del uno y del otro. En efecto, la socialización no es reductible a un proceso de puesta en conformidad de los actores con su entorno, no se vincula solamente con la adquisición de disposiciones puesto que implica también que los acores adquieran una capacidad de adaptación a un entorno múltiple y cambiante y, sobre todo, una capacidad de individualización y de autonomía: una reflexibilidad. Por este trabajo sobre sí mismo, el individuo no es solamente un actor social sino que es también un sujeto: la formación de este sujeto participa plenamente de su socialización, lo que prohíbe concebir la socialización como un clonaje.  
Mientras la escuela era considerada como una institución que transformaba valores colectivos en personalidades individuales, la socialización podía ser esencialmente concebida como un proceso de interiorización de normas y de valores. Así fue considerada por la sociología clásica, la que postulaba la identidad del actor y del sistema. Pero si se admite que la integración de las diversas “funciones” de la escuela ya no sirve, el proceso de socialización, especialmente en su dimensión de subjetivación, deber ser estudiado en la actividad de los actores que construyen su experiencia escolar y en cuanto que son formados por ella. Es en esa capacidad misma de elaborar su experiencia, donde los jóvenes individuos s socializan más allá de una inculcación cultural, cuando la unidad del mundo social ya no es un dato inmediato de la experiencia, cuando las situaciones escolares no están reguladas al inicio por roles y expectativas acordadas, sino que son construidas in vivo por los actores presentes.    

Socialización, integración e individuo
Entre el actor y el sistema: la inculcación. La noción de socialización ocupa un lugar central en la sociología clásica, en la medida en que esta tradición descansa sobre la afirmación de la identidad del actor y del sistema.[9]
El problema de la socialización apunta menos a saber lo que interiorizan, que a comprender cómo adquieren la capacidad de administrar dicha heterogeneidad. Este es el objeto de la sociología de la experiencia.
Sin duda la burocracia escolar conserva su influencia, pero sería un contra sentido sociológico confundirla con una institución, porque las situaciones escolares se diversifican y se fraccionan en perjuicio de la unidad de reglas formales. Más concretamente: el tema de la institución significaba que el niño podía “elevarse” hacia los valores asumiendo los conocimientos, por la adquisición de un rol. Ahora bien: ¿Qué pasa con esta representación cuando la vida y la cultura infantiles y de adolescentes se ven reconocidas y legitimadas en el seno mismo del aparato escolar, pero separadas de su acción pedagógica? ¿Qué pasa también con esta representación cuando la utilidad preside las “elecciones” escolares y cuando los niños y los adolescentes están ampliamente sometidos a la acción socializadora de la cultura de masas? También aquí esta constatación no significa que la escuela sea un mercado o una serie de encuentros aleatorios entre os maestros y los alumnos y que no sea un aparato de socialización. Se trata simplemente de que el tema de la institución ya no es un obstáculo para la reflexión: es un útil eficaz para comprender el modo en que la escuela socializa y educa a las nuevas generaciones.
Dicho de otro modo: contrariamente a la institución, la organización no produce sus valores y sus reglas sino que más bien los elabora. Esta imagen se ha tornado ahora lo bastante trivial como que estemos en condiciones de imaginar sus consecuencias den términos de socialización. La primera de ellas es que el aprendizaje esencial concierne a la capacidad de juzgar aquello que los trabajos de inspiración etnometodológica han comenzado a analizar en el dominio de la sociología de la educación.


La experiencia escolar
Se definirá la experiencia escolar como la marea en que los actores, individuales y colectivos, combinan las diversas lógicas de la acción que estructuran el mundo escolar. Esta experiencia posee una doble naturaleza. Por una parte, se un trabajo d los individuos que construyen una identidad, una coherencia y un sentido, en un conjunto social que no los posee a priori. En esta perspectiva, la socialización y la formación del sujeto son definidas como el proceso mediante el cual los actores construyen su experiencia, de la escuela primaria al liceo par e caso que nos interesa. Pero por otra parte, las lógicas de la acción que se combinan en la experiencia no pertenecen a los individuos; corresponden a los elementos del sistema escolar y se han impuesto a los actores como pruebas que ellos no eligen. Estas lógicas de acción corresponden a las tres  “funciones” esenciales del sistema escolar: socialización, distribución de la competencia y educación[10].
La integración. Todo actor social está sometido a una lógica de integración social. Esta definido por una pertenencia, por una rol y por una identidad cultural heredada, no sólo en su nacimiento, sino también en el transcurso de las diversas etapas o situaciones de su existencia. Una parte de la identidad de cada uno de nosotros está definida como la expresión subjetiva de su integración social, y cada uno de nosotros trabaja par mantenerla como un elemento esenciadle su personalidad, reconstruyendo sin cesar la distancia entre un “nosotros” que es una gran pare del Moi, y un “otro” asignado a su diferencia. Cuando el actor se coloca es esta perspectiva de la acción, el mundo es percibido como un orden, como un conjunto organizado de cada uno, la forma y el nivel de su integración. La acción y el actor son aquí los de la sociología clásica, y la socialización es concebida como la interiorización de ese orden, tanto en el plano cognoscitivo como en el normativo.
Esta lógica de la acción encierra una gran parte de la socialización y las “funciones” del sistema escolar  al cual el individuo es obligado a integrarse, adoptando un estatus de alumno o de maestro, adhiriéndose a las formas legitimas de autoridad, ocupando el lugar y el rol preexistente.  Ser alumno es situarse ene le orden de las jerarquías escolares; también es socializarse a través del juego de los grupos de pertenencia y de los grupos de referencia. Toda experiencia escolar es definida por está lógica de la integración, por esta forma de aprendizaje de socialización escolar percibida como el aprendizaje de roles sucesivos y como la transformación de la personalidad por esas transformaciones de roles. Esta visión no significa que la escuela sea una organización homogénea, pues la integración puede reposar sobre distintas tensiones de pertinencia y de normas, las que distinguen al universo familiar del universo escolar, y oponen a  veces el espacio de la clase al de los grupos infantiles  o juveniles. Pero, en todos estos registros, la lógica de integración manda[11].
La estrategia. La acción social no sólo es definida en términos de integración; también es llevada por una lógica estratégica en la cual el actor construye una racionalidad limitada en función de sus objetivos, de sus recursos y de su posición. En este caso, su identidad es menos forjada por lo que es que por lo que posee, menos por su grado de conformidad que por la naturaleza de sus recursos y de sus intereses.[12]  Cuando el individuo se ubica en esta perspectiva, el conjunto social no aparece como una yuxtaposición de esferas de integración y de roles, sino como un “mercado” un espacio de competencias y de alianzas sin el cual ninguno es el rival potencial de todos. En este registro de la acción, la socialización ya no es reductible a la interiorización de un habitus, sino el aprendizaje de una capacidad estratégica que implica, o el contrario, una distancia del rol y de las pertenencias.
La lógica estratégica no puede confundirse con la de integración, pues implica objetivos diferentes y la construcción de relaciones con los demás, también ellos diferentes. Lo que es un grado de integración en un registro, deviene un recurso de acción en el otro.
Esta lógica de la acción adquiere amplitud y autonomía cuando, con la masificación, el sistema escolar acrecienta a la vez la diversificación y la competencia ente los establecimientos, ente redes y los individuos. Al lado de las separaciones debidas a los niveles de integración y alas formas de socialización, están aquellos que surgen de los recursos y de las competencias estratégicas de los actores. Esta naturaleza competitiva y estratégica de la experiencia escolar son construidos por la tensión ente una escuela de integración y socialización, y una escuela de la diversificación y de la competencia transparente. Pero nadie puede excluir totalmente uno de los dos términos  porque la experiencia de cada uno consiste justamente en administrar esta tensión en una escuela que no es ni un puro sistema de integración ni un puro mercado.
Subjetivación. El actor social no está solamente definido por sus pertenencias y sus intereses. También lo está por una distancia de sí mismo y por una capacidad crítica que hacen de él un “sujeto” en la medida en que se refiere a una definición cultural de esa capacidad de ser sujeto.
Así, junto a la integración y la confrontación de estrategias, la experiencia escolar es necesariamente definida por una referencia a la cultura, capaz de formar un sujeto autónomo más allá de la utilidad de los roles.
La construcción de la experiencia. La experiencia escolar presenta como una prueba en la cual los actores, especialmente los alumnos, están obligados a combinar y articular estas diversas lógicas de la acción. La experiencia escolar debe considerar como determinada socialmente de manera fuerte, en la medida en que cada lógica de la acción se refiere a un modo de determinación específica: el engendramiento por la socialización, el efecto de un sistema de composición surgido de las competencias y la tensión ente la cultura y las relaciones sociales. Pero la determinación de cada una de estas lógicas no nos dice nada sobre la experiencia escolar en sí misma, sobre el trabajo por el cual los actores construyen una coherencia propia y logran así socializarse y construirse, con más o menos resultados, como sujetos. 
En concreto: son los procesos mismos de la socialización los que se han transformado. Las funciones sociales de la escuela se han separado y desarticulado. La utilidad social de los estudios, sus finalidades culturales y sus modos de control ya no armonizan ni se refuerzan mutuamente. Esto no es una crisis ya no puede ser concebida como un sistema unificado, y el  mismo razonamiento  valdría también, para saber lo que fabrica la escuela, hay que volverse hacia la experiencia de los individuos, hay que intentar comprender cómo captan, componen y articulan las diversas dimensiones del sistema, con las cuales construyen sus experiencias lo que debe permitirnos captar la naturaleza de la escuela.


[1] Pagina 15
[2] Ver grupos de alumnos elegidos para las investigaciones en las paginas 17-18
[3] Para ver tipología de adultos realizada por Dubet ver pagina 19
[4] Pagina 20
[5] Pagina 53
[6] Pagina 56
[7] Pagina 58
[8] Pagina 59
[9] Me saltie desde la 63 hasta la 75
[10] Pagina 79
[11] Pagina 80
[12] Ver la estrategia de 6 y de los alumnos